jueves, 13 de noviembre de 2014

379: Un punto

Hoy he decidido callar, porque siento que mis palabras no llegan a los oídos destacados. También he decidido callar, porque siento que las letras pierden su peso con el traspaso de información, a veces se sienten mudas e ignoradas, incluso a veces, se pueden sentir invisibles.
Hoy he decidido callar las cosas jamás escuchadas, fragmentos de emociones sin sentido. Un ser amorfo sin pies ni cabeza que se alimenta de idioteces y conversaciones a las sombras. Porque se calla lo que quiere oír y se dice lo aceptado socialmente. ¿Acaso importa un montón de palabras azules cuando todos quieren más rojo, amarillo y verde?
Sentirse aplanado a la merced de la mesa redonda, donde las flores sin vida decoran el amarillo percudido de rabia. Dormir sintiendo cientos de ahorcamientos alrededor, palabras filosas y miradas de indiferencia.
Superioridad que maquilla más de cuatrocientos días de mentiras, manto de rey sin un castillo fantasioso. ¿Qué somos ahora?
Hoy he decidido callar el cuento infantil jamás acabado, las promesas que nunca se podrán cerrar, las sonrisas matutinas previas al desastre, la nada.

A veces no logro distinguir entre la seriedad de la palabra problema, una cuesta que se trata de aclarar de una forma u otra. ¿Dónde está el peso que se le da? Detesto que venga cargado con prejuicios de superioridad, que se infla el pecho y jugamos a quien llena más el vaso.
Juro que no me verán de rodillas, que no me verán suplicando por prestar atención al truco, ya basta de aquellos que asisten al espectáculo por cortesía. Aunque se quede el teatro con una persona, se puede valorar más que la casa llena de gente con máscaras esperando bailar.
Si en algún momento temí ampliar el límite, ahora todo vuelve a un centro reducido. No más, por favor, no más. Pongo punto final a muchas cosas que creía incompletas, pero no se puede pasar la eternidad en pausa cuando hay cosas que están en la sala de espera.  



 “Tememos que nos maten, pero es mucho peor que nos destruyan”