382: el volver.

jueves, 19 de febrero de 2015 16:59:00

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En Santiago el cielo es más gris, desde siempre lo he sentido así, pero ahora se puso más gris que antes. Quizás, debe ser por la enorme cantidad de contaminación que se ha acumulado, o quizás debe ser porque vi el cielo más azul del mundo. El sentir amor por un lugar es algo que con frecuencia me pasa, pero con Mendoza todo se dio de una forma adorablemente perfecta. Desde el lugar como tal, el cielo, las aves, las personas y todo eso sumado a la compañía. Perfecta compañía la cual anhelaba por tantos meses. Porque tú eres para mi y yo soy para ti, entonces de esta forma todo se complementó de una forma exquisita y maravillosa.

Me fui a un viaje de algunos días con una chica, una chica maravillosa que amo profundamente y creo que la relación se puso concretar al mil porciento, porque tener a alguien no es solo besos, abrazos y a la cama. No~ ahora comprendo todo de una forma más completa. Aprendí y crecí, aprendí el significado de tantas cosas que no puedo resumir en unas cuantas palabras de este lugar, crecí porque al fin sentí ese placer especial de sentirse amado. Además de tener sueños y aspiraciones en la vida. El límite no existe, es solo algo puesto por cada uno como excusa de no querer cruzar el paso más importante para la felicidad.

Felicidad, esa palabra que tanto trabajo me tomaba explicar o expresar, ahora la siento y la puedo vivir más. Existe y no fue necesario morir para conseguirla, puede ser encontrado aquí y nada más que en nuestra vida. Dejemos atrás el manto de pesimismo, porque aunque existe un pequeño deje de cambio, aunque sea pequeño y mínimo, se debe aferrar a ese.

Es cierto que se pueden cometer errores en cualquier extremo de la vida, pero no se va a lamentar más por eso, ya no estamos en temporada de castigos constantes, si no que vamos a seguir avanzando. Aprender de estos tampoco es la idea, vamos más que nada al cambio constante o a la fortaleza propia, es algo confuso. Hasta yo me complico en explicarlo a mi misma.

Mendoza es una ciudad linda, pequeña y acogedora. Siento que podría vivir ahí aunque el calor sofocante nos cubra por una larga cantidad de horas. Pero el aire acondicionado hace milagros y las personas hacen del entorno propio un lugar hermoso. Gracias por las vacaciones, gracias por la compañía y gracias por todo. Es tiempo de seguir el año y nada más decir que hasta pronto.


Y así nada más, ahora a ponernos los zapatos rojos y seguir bailando (?)

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