398: señales de vida + una rápida visita

sábado, 2 de abril de 2016 18:36:00

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 un mes. 
 New Order - blue monday
 Mama Suga entregándo ánimos 
 chocolate
 twitter, tumblr y youtube



Debe ser más de un mes que no entraba a publicar algo y de hecho, no lo hice en el momento indicado. Pero, creo que escoger esta fecha puede ser la más adecuada por lo que significa. Lo cierto dentro de todo, es que tengo varias cosas que decir/agregar/contar, el punto que es no tengo una idea más o menos clara de como vamos a dar forma a esto. 

Pero para eso está este lugar, para no tener pies ni cabeza. 


Vamos con el detalle más insignificante, mi cambio de práctica
Desde un comienzo, pensé en lo emocionada que iba a estar por entrar a un colegio ideal, con un plan de integración genial, con profesores geniales, pequeño bono económico genial y la gran vida genial, agregando el detalle más importante y motor de mi motivación a ese colegio: iba a aprender lengua de señas
Todo partió bien, de hecho, me sentí muy cómoda de ver el ambiente escolar y a todos los profesores siendo una gran familia junto con las alumnas. Además, el aroma a escuela católica (?) me hizo recordar esos momento en mi propia escuela donde cursé gran parte de mi vida.
Pero pasado el segundo día pude ver dos cosas que me chocaron enormemente... mis compañeras de equipo psicopedagógico, las cuales eran de un curso que de por sí era conflictivo y por otro lado, la gran cantidad de desorden presente en el proyecto de integración.
Y es así, que sin seguir señales específicas y quedándome dormida en el viaje al colegio, fue como llegué a mi nuevo centro de práctica. Mi amiga G. que de por sí ya me había acompañado cuatro años en la carrera, me estaba esperando en el colegio nuevo y la verdad, no me arrepiento de este cambio. El ambiente hasta ahora, ha sido acogedor, ignorando que el 90% del colegio no tiene idea de nuestra carrera, pero ese no es impedimento para realizar lo que tenemos que hacer. La verdad, ha sido grato hasta ahora y eso es lo que puedo rescatar.

Y el tema que nos convoca en parte (además de ser lo que más me cuesta escribir) es sobre mi viaje a Buenos Aires, como no escribir de golpe sobre tres semanas, lo voy a dividir y nada, la primera parte.

Casa de Ati y una visita rápida a Palermo

Creo que nunca en mi vida he volado, ni en formato de drogas y menos, en un avión. Como toda primera vez, los nervios se sienten y me pasó desde el instante en que pisé el aeropuerto, lugar que nunca en mis veintitrés años viviendo en esta cochina ciudad, había visitado.
El tema fue, que con un desayuno liviano y hecha un nudo de nervios, me subí al avión después de que V. me dejará en la puerta de chequeo. Ojo, crucé todos los controles con el bolso lleno de regalos y esas cosas, por un momento pensé que me iban a parar y me quitarían todo a menos que pagara un impuesto, pero no fue así ni en Chile, ni en Argentina.
El avión se siente como una montaña rusa, solo que subes y jamás tienes la caída libre (gracias señor), el problema ante todo fue la altura y los efectos de no haber desayunado como cerdito. Por lo tanto mi estadía de cuarenta minutos en el avión y las tres horas en Mendoza, fueron las más eternas y terribles de todas. Porque cuando tienes hambre, todo es muy terrible.

La Cordillera de los Andes tiene algodón en las puntas

Pero todo eso se fue a medida que avanzaba hacia la capital trasandina. Muffy me estaba esperando y a medida que las luces se esparcían por el suelo, mi emoción iba en aumento, creo que lloré un poco y nada, histeria total en el aterrizaje. Lo bueno fue que el asistente de avión fue amable al ofrecerme comida y así no acabé desmayándome o algo en el viaje.
Salí del avión y luego de unas vueltas por el aeropuerto, me giré a buscar mi equipaje y ahí estaba mi novia, creo que la emoción fue peor a la vez que nos reunimos en Mendoza (cosa contraria a lo que le pasó a ella) porque sinceramente, el no verla por un año me hizo explotar en sentimientos y sensaciones especiales. Después de una larga espera con la maleta, salí del aeropuerto y la abracé, la abracé tan fuerte que no me di cuenta cuando ya nos estábamos besando ignorando a la gente que pasaba y nos quedaba mirando. Porque sí, una chica viajó mucho solo para besar a otra, algo que pasa todos los días.
No recuerdo de que hablamos exactamente durante el viaje hasta la casa de Ati, pero solo recuerdo que apreté su mano durante todo el viaje. Ella seguía igual, o mejor dicho, estaba más hermosa que la última vez que la vi. Muchos creen que el amor a distancia mata o enfría las cosas, la verdad, no entiendo bien sus experiencias o sus puntos de vista, pero solo les puedo decir que de estos tres años de relación, la sensación de reencantarte con tu persona es permanente.
Hacía un calor del infierno, la verdad, en Santiago no existe ese calor húmedo que está en Buenos Aires y el arrastrar una maleta, con hambre y ese calor es la muerte. Pero Muffy me ayudó bastante con el equipaje y así llegamos a la casa del Ati.
Ati es la tía abuela de Muffy, una mujer con mucha vida e historias para contar. Hay tantas historias que tal vez se necesitaría una saga de libros para poder abarcar todo lo que vivió Ati y la verdad, lo que sigue viviendo. Su contextura extra delgada, es rellenada con puro amor y dulzura, además de un humor especial y una buena mano para la cocina. El recibimiento de ella fue genial, tanto que extraño sus charlas en el desayuno y que se espante por las tardes cuando llegábamos todas mojadas después de una tormenta (porque en Buenos Aires abundan las tormentas). Además, me regaló muchas cosas de gato, charlas sobre gatos y me hizo escuchar programas de radio sobre gatos. En unos días, ya sabía mucho sobre mi~
Por otro lado, estaban las salidas que nos debíamos con mi novia, conocer una parte de la capital, sobre todo los alrededores de Palermo es especial por varias razones, primero que todo es esa sensación de conocer los lugares que te mencionan diariamente. Te sientes parte de ese día a día al cual solo haces presencia por medio de mensajes. Caminamos mucho, comimos mucho, disfrutamos mucho.
La lluvia fue un decorado más, la lluvia es mejor en Buenos Aires y en Palermo.
Escribir esto, ya me llena de más nostalgia.

Intentando volver donde Ati.

Pero la nación de la lluvia nos atacó. 

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