408: reina de bestias

martes, 12 de diciembre de 2017 10:19:00

1 ✉

  No recuerdo la última vez que colapsé, bueno, la verdad sí, pero siempre intento evitarlo en una forma de auto-convencerme que todo está bien porque así tiene que ser, porque lo necesitan y porque lo necesito, pero simplemente crucé el límite.

Creo que durante una buena parte de mi vida, he intentando mantenerme de pie ignorando mi poca y nada capacidad de enfrentar los problemas, que si bien no son graves, sabes como ahogarme en un vaso de agua. Los psicólogos nunca fueron mi esperanza de vida y a mi falta de atención mental se suma la larga lista de síntomas hereditarios que podía tener de una u otra manera. De esta forma tenemos una olla a presión andante, que como ya dije no tiene grandes problemas, sabe bien como mantenerse ahogado o preparado para explotar en cualquier momento.

La primera vez que me hablamos sobre mi depresión, tenía doce años, en ese momento lo veía como la enfermedad de moda "que todos desean" y no pasaba a mas de sentirse miserable o tener una capacidad demente por auto-flagelarse, aunque este punto me pareció una especie de competencia infantil cuando caí en cuenta que uno no es inmortal y que en verdad el daño podía terminar de forma irreparable al momento que uno de los cortes termina infectado y se requiere otro tipo de curación para poder pararlo antes que empeore en serio. 
Actualmente no me hago daño físico, pero si quedó un bichito en mi interior como una bomba de tiempo que en cualquier momento podría explotar un atentado personal y esa fue la conclusión  a la cual llegué ayer con mi doctor. 

Cuando uno cree que está bien, la verdad es solo una capacidad propia del humano por convencerse de que todo está bien y no es así. Nuevamente volví a escuchar la palabra depresión, trastorno, ánimo y ansiedad, todo junto en una frase para explicar (o darle nombre) a la serie de cosas que llevaba arrastrando desde hace un tiempo y que simplemente quería evitar, porque no me sentía mal o me mentalizaba de que no era así. Pero lo cierto es que no lo estoy y no lo estuve jamás. 

Una enfermedad mental debe ser considerado un tipo de cáncer o algo similar, sin los estigmas que se tienen de que es la enfermedad de los flojos o la excusa para tener infinitas licencias médicas, la excusa perfecta y que obliga a ver este problema como un mal común cuando simplemente es mucho peor. Más que un cáncer propio, debe ser un cáncer social o algo similar, la base está en la cabeza y la emotividad y como esta se deteriora al punto de perder algo de humanidad, pues acaba la sociedad enferma y me siento mal por ser parte de esta y no ayudar a evitarlo o bien, no apoyar a quien la padece quizás de forma peor que yo. 

Ahora que me encuentro en este punto, no puedo hablar de crear una conciencia sobre el problema, la situación se complica cuando tienes un trabajo donde quizás puedan tomar a la enfermedad como una condición desfavorable y por lo tanto me veo en la obligación de callarlo. E incluso, lo veo como un impedimento de hacer muchas cosas, incluso de redactar este montón de frases incoherentes porque es mi primer día con medicación después de algunos meses (porque mi último colapso terminó en un problema de salud algo complicado), pero esto ya lleva la carga que quizás sea para toda la vida, porque así es mi organismo y porque así es mi mochila de cosas, un montón de cosas que intento ordenar entre el fin de la carrera, el trabajo antiguo, este trabajo, mis demonios internos, el decirle a mi madre sobre mi homosexualidad, el intentar ser alguna especie de modelo y así tantas cosas que simplemente me trago como el café o la coca cola. 

Es complicado entender que no estás bien cuando tu cuerpo te lo dice a gritos, pero más complicado es el asumir, el digerir y el intentar volver a plantar. 
A veces simplemente la solución pudo haber sido el no estar, pero a veces solo hay que caminar en el día nublado. 

No sé, ya no sé de que estoy hablando. 

Etiquetas: ,